La boda de Vega y Nacho

No hay mejor forma de empezar el año con el blog que publicando una boda. Hoy os traigo una de esas que tanto me gustan por su sencillez, pero a la vez por sus detalles tan cuidados. Es una boda familiar en el que se transmite mucha alegría, mucho amor y mucha diversión.

Conozco a Vega porque fuimos juntas al cole y en cuanto vi una foto de su look de novia le pedí que por favor me dejará publicar su boda en el blog. Me alegro especialmente que aceptara salir porque, aunque ella cree que es una boda muy normal y no la típica de “blog”, eso es justo lo que yo busco. Aunque ya veréis que de normal no tiene nada. Es única porque ellos y sus familias hicieron todos los detalles. Con esta boda os quiero mostrar lo que os decía en el post anterior, con cariño, ganas e ilusión se pueden hacer bodas así de bonitas.
Vega y Nacho se conocieron en un partido de rugby donde jugaba Nacho, en Valladolid. Después de 6 años saliendo juntos, en Junio de 2017, Nacho le pidio matrimonio a Vega y decidieron no esperar mucho y casarse ese mismo septiembre. La organización era todo un reto pues solo disponían de 3 meses y además lo organizaron a distancia.  “Decidimos ir a por lo básico y despreocuparnos de los detalles. Yo tengo la convicción de que las mejores cosas que pasan en las bodas no están organizadas y las crean los invitados”. No puedo estar más de acuerdo con estas palabras de Vega.

Para la ocasión, Vega quiso hacerse el vestido ella misma junto con su modista de confianza. Lo tenía claro así que fue a comprar la tela, dibujó un boceto, y la modista hizo el resto. El resultado a mi me chifla: un vestido de satén de seda con una abertura lateral y botones forrados. Además llevaba un jersey de angora que le hizo una amiga de la familia. “Como no vivimos en la misma ciudad no vi el jersey hasta 3 días antes de la boda, cuando me lo probé me emocioné muchísimo, era mejor de lo que me había imaginado. Le cosimos unos puños con la tela del vestido para que tuviera continuidad” me comentaba la novia.

Lo complementó con unos zapatos que se realizó ella misma, ya que es diseñadora de calzado, con un proveedor de confianza. Eran de inspiración vintage en piel color oro viejo. Como joyas llevaba unos pendientes de su bisabuela y un anillo muy especial, pues era el que en su día el padre de Vega regaló a su madre cuando ella nació. La madre, siguiendo una tradición familiar, se lo dio el día de la boda.
El ramo se lo realizó ella misma con flores secas, una artista. ¿no creéis?
Se casaron en la iglesia del Salvador en Simancas, donde han ido toda la vida y a la que la novia tiene un cariño especial. Nacho se hizo el traje en Tailoring de Massimo Dutti.
Las niñas que acompañaron a Vega al altar eran sus sobrinas y no podían ir más monas. Llevaban un vestido de algodón y lino, les pusieron además un velo de Tull de algodón, como el velo de Vega y unos tacones dorados que las niñas pidieron para ir igual que su tía.
 Una vez convertidos en marido y mujer se trasladaron a la finca ganadera del padre de Vega (Finca el caserío de Simancas) donde decidieron realizar un cóctel y la posterior fiesta. Era un sitio ideal para poder hacer un boda campera tal y como querían los novios.
“Preparamos los jardines con luces, alpacas y mesas a partir de puertas, todo muy informal y con un aire muy campero.
Usamos las cazuelas y ollas de la finca como jarrones para las flores y utilizamos elementos como las botas “hunter” para decorar algunas zonas”. “Fue una semana de preparación preciosa donde ambas familias se volcaron para dejarlo todo muy bonito. Mi suegro y familia política se encargaron de las luces de guirnalda y el arreglo de los jardines, mientras mis hermanas y yo nos encargábamos de la decoración” 
El catering fue obra de “la cotorra”, los cuales ofrecieron un picoteo y una parrillada argentina en honor al novio que es argentino.
Durante el cóctel tocó en directo un grupo de flamenco, Mandala, que se encargó de tocar versiones de canciones muy conocidas para conseguir que tanto los jóvenes como los no tan jóvenes se divirtieran desde el primer momento.
 
Cuando acabó el cóctel se trasladaron a una plaza que decoraron con luces de verbena y alpacas. Abrieron el baile con “burbujas de amor” de Juan Luis Guerra y la fiesta fue todo un éxito gracias al DJ Diego Valares, muy conocido en Valladolid.
No bajó el ritmo en las 7 horas que estuvo pinchando. No hizo falta que le dijéramos qué tipo de música queríamos, le dijimos : queremos lo que mejor sabes hacer, ¡animar a la gente! ¡y lo consiguió una vez más! Y como siempre os digo, que importante es un buen dj en una boda.
Vega decidió lanzar el ramo y lo recogió su hermana Lara.
Los encargados de inmortalizar todos estos momentos fueron los fotógrafos Momenta Bodas. “Tenemos muy buena relación con ellos, mucha complicidad y estamos encantados con ellos como siempre”.
¡Les deseo toda la felicidad del mundo y desde aquí les doy las gracias por su generosidad!
Xoxo

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